Albert Camus: "A pesar de las ilusiones racionalistas, e incluso marxistas, toda la historia del mundo es la historia de la libertad."

martes, 18 de septiembre de 2018

al-Ándalus: La conquista musulmana de la Península Ibérica. Emirato y Califato de Córdoba.


La conquista islámica de la Península y la formación de al-Ändalus se enmarcan en el proceso de expansión general de una nueva religión, el Islam, y de una civilización, la árabe, extendida de manera vertiginosa por Asia oriental y el norte de África desde la predicación de Mahoma en el siglo VII en Arabia.
Aprovechando las habituales disputas dinásticas de los visigodos y alentados por la yihad, los musulmanes, mayoritariamente bereberes, dirigidos por Tariq atraviesan el estrecho de Gibraltar (711) y derrotan en la batalla de Guadalete al ejército de Don Rodrigo, último rey visigodo. El gobernador Musa completaría la ocupación.
            La invasión musulmana (711-714) En tres años conquistan toda la península, excepto algunas zonas de la franja cantábrica y los Pirineos donde fueron derrotados en la batalla de Covadonga en el 722 por los astures y más tarde por los francos en Poiters (732), lo que supuso el fin de la expansión musulmana por Europa. Habitualmente se firmaron capitulaciones que permitieron a los conquistados conservar sus tierras, a cambio del pago de tributos. La rapidez de la conquista fue debida en parte a la tolerancia musulmana hacía cristianos y judíos (Gentes del Libro) y al desinterés de la mayoría de la población en defender una monarquía con la que no se identificaba. Inicialmente los no-musulmanes deben pagar impuestos especiales como la yizya y el jaray, lo que fomentará, junto con el prestigio de la nueva religión, las conversiones al Islam.
El Emirato dependiente de Damasco (714-755) Tras la conquista musulmana, la península se convirtió en una provincia o emirato del Califato de Damasco, gobernado por un emir que actuaba en nombre del califa Omeya. En esta etapa fueron frecuentes las rebeliones bereberes, descontentos por el desigual reparto de las tierras que hacía la élite árabe.

            El Emirato independiente (756-929): En el año 756, Abd-al-Rahmán I, un miembro superviviente de la familia Omeya, familia expulsada del califato por los Abbasíes, llegó a la península haciéndose con el poder y proclamándose emir independiente, jefe político pero no religioso. Fue una etapa de consolidación del poder musulmán, estimulándose el desarrollo económico y urbanístico.
            EL Califato de Córdoba (929-1008) En el año 929 Abd-al Rahmán III, se autoproclamó califa, jefe político y espiritual, este periodo del califato representó la época de máximo esplendor cultural del Al-Ándalus, cristalizado en la mezquita de Córdoba o en Medina al-Zahira. En el año 976 Almanzor, el ministro principal o hayib de Hisham II, se hizo con el poder y convirtió el califato en una dictadura militar apoyado en las victoria de su ejército contra los núcleos cristianos del norte.

La crisis del Califato (1008-1031): A la muerte de Almanzor las rebeliones, violencias y luchas entre bandos rivales (fitnas) acabaron con el califato, que terminaría en el año 1031 cuando una rebelión depuso al último califa, Hisham III y Al-Ándalus se fragmentó en numerosos reinos de Taifas.

lunes, 17 de septiembre de 2018

El reino visigodo. Origen y organización política. Los Concilios.


 
En el contexto de crisis final del Imperio Romano, a principios del siglo V se vivieron las invasiones de los pueblos germánicos (bárbaros para los romanos). Eran los suevos, vándalos y alanos, que habían cruzado el Rin en la nochevieja del 406 . Estos pueblos devastaron el territorio y Roma acudió a otro pueblo germánico aliado, los visigodos,  que llegados desde la Galia consiguieron expulsar o arrinconar a la mayoría de invasores. Tras asentarse en la Península, con la caída de Roma (476) y la derrota ante los francos (Vouillé 507), la mayor parte de su pueblo atravesó el Pirineo y conformarían el reino visigodo, con capital en Toledo. Se iniciaba la Edad Media.

Dos siglos duró la dominación visigoda, llevada a cabo por una minoría de entre 100 y 200 mil personas que tuvo que acabar asimilando la superior civilización hispanorromana, tendiendo a unificar progresivamente los dos pueblos.

La unificación territorial fue impulsada por Leovigildo, tras derrotar a suevos y bizantinos.

La unificación religiosa la llevo a cabo Recaredo, que en el III Concilio de Toldo, 589, declaró el catolicismo religión oficial, abandonando el tradicional arrianismo visigodo.

La unificación legislativa la propició Recesvinto, al promulgar el Liber Iudiciorum, código legal común para godos y romanos
            Los visigodos introdujeron en Hispania la monarquía electiva como forma de gobierno. Esta tradición dio lugar a una constante inestabilidad, ya que las grandes familias aristocráticas se enfrentaban en luchas sangrientas por el poder, y los reyes visigodos trataron de asociar al trono a sus herederos para asegurar la sucesión. El Rey representa a la nación, controla la diplomacia exterior, en el interior es juez supremo , acuña moneda y convoca concilios.

            La organización política del reino visigodo se basaba en una administración central, formada por el Officium Palatinum, organismo integrado por nobles (comités o condes) que ayuda al rey a gobernar a través del Aula Regia, consejo asesor del monarca para asuntos administrativos, militares y de justicia. En la administración territorial los Dux eran los encargados de los asuntos militares, civiles o judiciales de las provincias y los comes civitatis, que gobernaban las ciudades .


Los Concilios de la Iglesia de Toledo, completaban la organización política visigoda. Eran asambleas legislativas formadas por los obispos, miembros de la nobleza y por el rey. Los concilios eran de tradición romana, y en ellos se refrendaban las decisiones de los reyes, dotándolas de fuerza legal. Los obispos pasaron a actuar como jueces e inspectores de impuestos, adquiriendo enormes extensiones de tierra y esclavos.  





Durante la dominación visigoda se continuaron las tradiciones romana y cristiana, aunque en una sociedad ruralizada, caracterizada por un progresivo aumento de los lazos de dependencia económica y personal (feudalismo), el predominio de nobleza e Iglesia y un empobrecimiento cultural evidente.  Solamente destaca extraordinariamente la monumental obra de san Isidoro de Sevilla (Etimologías), la orfebrería con fíbulas o  coronas votivas (Tesoro de Guarrazar)  y el sencillo pero encantador arte visigótico de pequeñas iglesias rurales como San Pedro de la Nave,San Juan de Baños o Quintanilla de las Viñas.

domingo, 16 de septiembre de 2018

Conquista y Romanización de la Península Ibérica. Principales aportaciones romanas en los ámbitos social, económico y cultural.





La romanización es el proceso de aculturación por el cual las sociedades autóctonas de la P. Ibérica adoptan las instituciones, la cultura y la mentalidad de los conquistadores romanos. Este proceso se llevó a cabo a través de los soldados, los comerciantes y los funcionarios.
La conquista romana:  Las legiones romanas llegan a la península en el 218 a.C., con motivo de las Guerras Púnicas, en las que vencen a los cartaginenses (Escipión contra Aníbal) y que dan lugar a una conquista larga y que dividimos en tres fases. En la primera, vencen a los cartagineses y ocupan el litoral mediterráneo, que será la zona con una romanización más intensa y duradera. En la segunda, ocupan la meseta central, luchando duramente con los pueblos autóctonos (los lusitanos de Viriato o Numancia como ejemplo). Por último, ya a finales del siglo I a. C.,  Augusto conquistará la zona norte en las guerras cántabras, que finalizan  con la llamada Pax Augusta (representada en su "Ara Pacis Augustua" en Roma).
Hispania se convierte en una provincia esencial de la República y del Imperio, profundamente romanizada, y será subdividida para mejorar la administración y explotación (Citerior/Ulterior primero, Lusitania,Baetica, Tarraconensis, etc.). Las ciudades son la base esencial de la romanización, sede de las instituciones y edificios públicos, y basadas en fundaciones que siguen el modelo urbanístico romano (Tarraco, Emerita Augusta, Caesaraugusta,Santiponce etc.).Sus huellas aún están presentes en los antiguos trazados de urbes como Pamplona o León. De algunas de ellas salieron emperadores tan importantes como Trajano, Adriano o Teodosio, así como poetas e intelectuales como Lucano o Séneca.


El legado romano:  Las aportaciones fundamentales de Roma fueron de índole económico (estrechas relaciones comerciales) y culturales: implantación del Derecho Romano y la ciudadanía; el latín, que sustituye a las lenguas prerromanas; las obras de ingeniería y arquitectónicas (acueducto de Segovia, calzadas, arcos, puentes como el de Alcántara o los de Mérida) la religión imperial (primero el paganismo y el culto al emperador y desde el s IV d.C con el edicto de Constantino, el cristianismo), etc.   Su legado será tan importante que incluso con la conquista visigoda su influencia pervivirá a través de las leyes, las instituciones o el arte, formando parte esencial de la cultura mediterránea y occidental. 






viernes, 14 de septiembre de 2018

Los pueblos prerromanos. Las colonizaciones históricas. Fenicios, griegos y cartagineses. Tartessos.



 
Durante el primer milenio a.C. y ya en plena Edad del Hierro, conviven en la Península Ibérica pueblos autóctonos, llamados prerromanos,  con pueblos colonizadores procedentes del ámbito Mediterráneo oriental, es la llamada protohistoria (periodo de transición de la prehistoria a la historia en la que las fuentes escritas son indirectas o incipientes). 
  El reino de Tartessos se desarrolló en el Valle del Guadalquivir. Poseía una monarquía hereditaria (el legendario Argantonio) y su economía se basaba en la explotación minera y en el comercio con los fenicios. Además desarrollaron la escritura y una orfebrería muy refinada(tesoro de Carambolo, tesoro de Aliseda), pero hacia el s. VI a.C desaparecieron misteriosamente, como casi todo lo que rodea a esta cultura. 

Los pueblos iberos se instalaron en las costas del Mediterráneo y el valle del Ebro, tenían una lengua propia aún no descifrada pero común, y  una economía de base agraria y comercial. Su organización política estaba liderada por una élite aristocrática (como atestiguan los ajuares funerarios hallados con armas como la célebre falcata ibérica) y afortunadamente conservamos hallazgos artistícos tan célebres como las damas de Baza y Elche, que atestiguan el importante desarrollo cultural y sus vínculos orientales.



 Los celtas eran de origen indoeuropeo y ocuparon las cordilleras del Norte. La economía se basaba en la pesca, la ganadería y la recolección, vivían en castros fortificados y se organizaban en clanes. No poseían escritura y apenas sufrieron influencias de los colonos Dominaban la metalurgia del hierro y la artesanía textil,  y la magia y la adivinación jugaban un papel muy importante en sus creencias. Galaicos, astures, cántabros, lusitanos a vascones representan la influencia del mundo atlántico en la Península 

Los celtíberos eran un  conjunto muy heterogéneo de pueblos de origen celta que habitaban la Meseta central, como los arévacos. Vivían en poblados fortificados y tuvieron importantes contactos con pueblos colonizadores y con los iberos. Mantenían una gran cohesión tribal y su conquista fue muy difícil para los romanos (Numancia).  La economía era de base agrícola y ganadera (verracos)

            Estos pueblos fueron influenciados económica y culturalmente por los colonizadores mediterráneos. Los fenicios y griegos llegaron con la intención de comerciar, pero los cartagineses llegaron con la intención de conquistar. Los fenicios procedían del Lilbano y fundaron factorías comerciales por todo el Mediterráneo sur, siendo Gadir o Malaka fundadas en el s. VIII a.C. Los griegos proceden de Massalia (actual Marsella) y fundaron polis como Rodhes y Emporion, siendo su influencia decisiva para la futura conquista romana. Los cartagineses procedían de Cartago, Túnez, antigua colonia fenicia, y conquistaron todo el Sur y Sureste peninsular con importantes líderes como Anibal, de la familia Barca. En las guerras púnicas (siglos II-II a.C.) se enfrentarán a Roma por el control del mediterráneo, y con su derrota se iniciará la romanización de la P. Ibérica. Los colonos aportaron a la Península el torno de alfarero, la vid, el olivo, las gallinas, la moneda, un alfabeto, y estrecharon los contactos comerciales y culturales de la península con el resto del Mediterráneo, es la entrada de los pueblos peninsulares en la Historia.


viernes, 7 de septiembre de 2018

Sociedad y economía en el Paleolítico y Neolitico. La pintura rupestre


 La Península Ibérica posee una gran cantidad y variedad de yacimientos en los que se recogen los vestigios de sus primeros pobladores, desde el Homo antecesor en Atapuerca, pieza clave para entender el desarrollo del proceso de hominización, hasta los modernos Homo sapiens, pasando por el Homo heidelbergensis o el neanderthal. En función de la tecnología, es tradicional la división entre el paleolítico (desde la llegada de los primeros homínidos a la península hace más de un millón de años) y el neolítico, desde unos 10.000 años atrás con el inicio del sedentarismo y la agricultura o la ganadería.


Durante el Paleolítico los homínidos practicaban una economía depredadora, centrada en la recolección de frutos silvestres y la caza, la pesca o el carroñeo. Sus útiles irán evolucionando desde los primeros utensilios simples tallados en sílex o cuarzo (bifaces, hachas) hasta algunos más elaborados, como raederas, arpones, propulsores o flechas. Eran grupos nómadas, no excesivamente numerosos, que se desplazaban en función de los recursos ocupando cuevas o abrigos rocosos, no existía la división del trabajo y estaban muy cohesionados. Las culturas paleolíticas dominaban el fuego y enterraban a sus muertos (rituales funerarios, enterramientos como en la Cova Negra de Valencia o Casares en Guadalajara). Al final del Paleolítico surgirá el arte, coincidiendo con los últimos períodos glaciares. del pleistoceno. Los principales yacimientos de esta época son en terrazas de ríos, cazaderos como Torralba, en Cuenca , Ambrona en Soria, o cuevas como La Carigüela, Granada.


          El Neolítico:   El fin de las glaciaciones hace unos 10.000 años trajo consigo la retirada de los hielos y unas temperaturas más suaves. Desde Oriente Medio se introdujeron por la costa oriental de la Península las plantas y especies de animales domésticos que constituirán la fuente de alimentación del ser humano,que ampliará su dieta de manera notable, produciéndose un gran aumento demográfico.  La cultura neolítica  desarrolla una economía productiva, con la agricultura y la ganadería (“Revolución neolítica”). Se inicia el sedentarismo y con él, el desarrollo de l arquitectura y el megalitismo, favorecida por el crecimiento de la población. Empieza la división del trabajo y la propiedad privada. A nivel tecnológico, se desarrolla la piedra pulimentada, los tejidos y la cerámica. Comienzan la especialización y la jerarquización social. 

Las nuevas formas de vida se extendieron desde Cataluña a Andalucía o el sur de Portugal, penetrando en el interior. Descubrimos una gran variedad regional en la península. Destaca la cultura de la cerámica cardial (V milenio a.C.), del área catalana, con sepulcros en fosa formando necrópolis. En  Andalucía, yacimientos como los de la cueva de Carigüela (Granada), la de Nerja y la de los Murciélagos (Córdoba), muestran un gran desarrollo de los cultivos cerealísticos. En la región levantina yacimientos como los de la Cova de l'Or (Alicante) y Cova Fosca (Castellón). En la meseta y la zona vascocantábrica la neolitización es más tardía.



 
La Edad de los Metales: Posteriormente, con el dominio de la metalurgia (cobre, bronce e hierro) se  intensificaran la agricultura, la minería o el textil, desarrollándose  importantes culturas como las de Almería (Los Millares , El Argar) o las Islas Baleares (Talayótica y sus megalitos tan peculiares) y se recibirán influencias europeas como los campos de urnas o el vaso campaniforme (Ciempozuelos) que indican como las relaciones comerciales se van a ir ampliando. La jerarquización social será muy marcada, apareciendo cistas funerarias, ajuares lujosos y necrópolis de gran tamaño. 
           
Sin duda, el arte rupestre es la mayor representación cultural de la Prehistoria y fue creado para decorar las paredes y techos de cuevas y abrigos. Durante el Paleolítico, se usan técnicas (grabado, bajorrelieve o pincel) y pigmentos naturales (rojo, ocre y negro), siendo la policromía la característica fundamental. Se representan con gran realismo escenas de caza y animales, con tendencia al naturalismo, pero sin figuras humanas. Las grandes manifestaciones del arte rupestre franco–cantábrico, son la cueva de Altamira, La Pasiega, el Castillo (Cantabria) y Tito Bustillo (Asturias).
La pintura rupestre mesolítica y neolítica tiende a la monocromía, al esquematismo, son poco naturalistas y casi geométricas. Aparece la figura humana y las escenas de grupo que reflejan escenas de la vida cotidiana. Destacan las manifestaciones artísticas del arte rupestre levantino (6000-2000 a. C), siendo los yacimientos más destacados los de Cogull (Lérida), Val del Charco del Agua Amarga (Teruel), Valltorta (Castellón) o Minateda (Albacete).



martes, 22 de mayo de 2018

La integración de España en Europa. Consecuencias económicas y sociales. La modernización de las infraestructuras. El Programa de Convergencia y la creación del euro.


La construcción europea, iniciada tras la segunda guerra mundial (BENELUX, CECA, Tratado de Roma) ha supuesto sin duda el mayor reto político de los últimos tiempos. La Europa democrática y social que se planteaba en sus comienzos es bien diferente a la Unión Europea actual. Pese a ello, el impacto de la integración de España en la CEE primero y luego en la UE y en el euro ha sido enorme. Las consecuencias políticas y económicas han sido por lo general beneficiosas para nuestro país, y contribuyeron a modernizar las infraestructuras, las comunicaciones, la agricultura o  la formación. El esfuerzo que ha tenido que hacer el país para adaptarse a Europa ha sido muy duro, y ha mostrado también unas grandes diferencias con nuestros socios europeos (diferencias salariales, precios, influencia en la UE). Veamos cómo ha sido este proceso de integración:

En 1962, durante la dictadura franquista, España solicitó, por primera vez su integración en la CEE, pero no obtuvo respuesta. Dos años después, volvió a intentarlo y como resultado se iniciaron unas negociaciones que llevaron al “Acuerdo Comercial preferencial” de 1970.

En 1977, establecido un sistema político democrático, el gobierno de Adolfo Suárez solicitó la integración plena en la CEE. En 1979 se iniciaron las negociaciones, a la vez que lo hacía Portugal, para la adhesión.

Fueron unas negociaciones largas y complicadas; por un lado coincidieron con un momento de crisis económica general y por otro algunos países plantearon ciertas exigencias, por ejemplo Gran Bretaña pedía la apertura de la frontera con Gibraltar y Alemania la integración en la OTAN. En 1985 se permitió el libre tránsito de personas y mercancías con Gibraltar. Respecto a la entrada en la OTAN, el último gobierno de UCD había aprobado la integración de España en la OTAN, (1982) aunque el PSOE se opuso (bajo el lema «OTAN, de entrada no» e inició una activísima campaña en la calle solicitando un referéndum). No obstante, cuando el PSOE llegó al poder, ante la evidencia de que la entrada en la OTAN estaba muy relacionada con la adhesión de España a la Comunidad Económica Europea, el gobierno socialista, tras convocar un referéndum (1986) hizo campaña a favor de la permanencia en la OTAN (aunque el gobierno obtuvo el sí, fue por un margen pequeño, y supuso una profunda decepción para muchos de sus votantes). Además España y Portugal tenían un grado de desarrollo inferior a la media Europea.
 
Finalmente el 12 de junio de 1985 el Gobierno español firmó en Madrid el “Tratado y el Acta de Adhesión a las Comunidades Europeas”, que fue ratificado en el Congreso y en el Senado y en los parlamentos del resto de los socios comunitarios para entrar en vigor el 1 de enero de 1986.

La entrada de España en la CEE fue acogida con satisfacción por la opinión pública, pero planteaba unos retos muy grandes, porque la economía española, que históricamente se había desarrollado en gran medida gracias a una política fuertemente proteccionista, con unos elevados aranceles, tenía que adaptarse a un nuevo marco de relaciones económicas basadas en el librecambismo.

La integración en la CEE se hizo de forma gradual mediante un período transitorio. Durante ese periodo, paralelamente a la disminución de los aranceles, los diferentes sectores económicos tuvieron que hacer importantes sacrificios para conseguir una producción competitiva con la de los otros países comunitarios. Ello supuso la pérdida de numerosos puestos de trabajo e incluso el desmantelamiento o la disminución drástica de algunos sectores: pesca, agricultura, construcción naval, siderurgia... La contraprestación era la apertura para los productos españoles de un mercado de millones de personas con una elevada capacidad adquisitiva.

Los países miembros de la CEE decidieron acelerar el proceso de construcción europea. El Acta Única Europea (1986) permitió el establecimiento de un verdadero mercado interior sin fronteras para los países de la CEE que posibilitaba la libre circulación de personas, mercancías, servicios y capitales. Para asegurar la estabilidad en el seno de la CEE se aprobaron los denominados fondos estructurales, que han comportado el traspaso de rentas de los países económicamente más poderosos a los estados menos desarrollados de la CEE, como España.

El proceso de integración en Europa dio un paso fundamental con la aprobación del “Tratado de la Unión Europea” o tratado de Maastricht (1992), que fijó la adopción de una política económica común y el establecimiento de una moneda europea; para acceder a la moneda común los países miembros de la Unión Europea tuvieron que cumplir una serie de condiciones, especialmente el control de la inflación y del déficit público, que provocaron la adopción de unas duras políticas presupuestarias (recortes en el gasto educativo, disminución de las pensiones, reducción de las obras públicas, etc.). Fue la política de convergencia.

A partir de 1996, el gobierno del PP dio prioridad al cumplimiento de los  requisitos para acceder a la moneda única, además de poner en marcha distintos planes para alcanzar la convergencia real en renta y empleo. En 1999 se lograron los requisitos para acceder a la moneda única europea.

El euro entró definitivamente en la vida de los españoles el 1 de enero de 2002. Al evitarse los cambios la moneda única produjo menos costes en el comercio europeo pero la tendencia a la equiparación de precios en todos los países provocó un aumento de la inflación en los menos competitivos entre ellos España.

Además de la puesta en circulación de la moneda única, la integración de España en la UE trajo otras implicaciones económicas basadas en la liberalización económica, el crecimiento económico y la modernización de las infraestructuras:

-La libre circulación de personas, mercancías y capitales por todos los países de la UE.

-El impulso tecnológico tanto de las empresas españolas al tenerse que convertir en empresas más competitivas como de las empresas extranjeras que se instalaron en España. Del mismo modo la liberalización económica, que puso fin al tradicional proteccionismo, obligó en los 80 a una dura reconversión al sector primario e industrial, necesitado de adaptarse a un mercado abierto y competitivo. 

-El principio de solidaridad y cohesión entre los países más pobres y los países ricos de la Unión trajo consigo los fondos europeos, pero si en principio España fue un país receptor de los mismos actualmente se ha convertido en contribuidor.

España se halla en la actualidad plenamente integrada en la UE. Aunque durante las últimas décadas los distintos gobiernos democráticos españoles han considerado prioritario la  política en Europa, la consolidación democrática trajo consigo nuevas líneas de actuación en el panorama internacional.

La vinculación con sus socios militares (OTAN) y económicos (CEE) la llevaron a participar en la guerra del Golfo (1990) o en el envío de tropas a Bosnia,Kosovo o Libano.

En Iberoamérica se apoyaron los procesos de democratización y se impulsó una política de cooperación y solidaridad, fundamentalmente durante la etapa de gobierno socialista (1982-1996). Se institucionalizó la Comunidad Iberoamericana de Naciones que celebrará Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno anuales. Pero a partir de 1996 y con los gobiernos del PP, España se convirtió en uno de los mayores inversores en Iberoamérica, principalmente en telecomunicaciones, energía y banca. Fueron perdiendo importancia las Cumbres.

En el Mediterráneo, se establecieron relaciones diplomáticas en Israel (1986) y se buscó la pacificación de la zona lo que culminó con la  histórica Conferencia de Paz sobre el Oriente próximo en 1991. Se intentó fortalecer las relaciones con Marruecos, no se reconoció a la República Saharaui pero tampoco se cuestionó la soberanía de Ceuta y Melilla. Aunque las relaciones con Marruecos, actualmente han mejorado siguen pasando por distintos altibajos. Tampoco se ha avanzado en el asunto de Gibraltar. Se cuidan especialmente las relaciones con Argelia, primer proveedor de gas natural. 
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ADurante el gobierno del PP se apostó por una política de seguridad y defensa, a la vez que se fortalecieron las relaciones con los EEUU. A partir de 2001 la orientación pronorteamericana se impone a la política europeísta produciéndose un distanciamiento de Francia y Alemania. España participa en las operaciones militares de Afganistán e Irak (2002 y 2003). El centro de la nueva política pasó a ser la lucha contra el terrorismo internacional.

Los atentados de la estación de Atocha días antes de las elecciones, de los que se consideró responsable al gobierno por su participación en la guerra de Irak, provocaron el cambio del voto de muchos españoles, lo que supuso la formación de un nuevo gobierno socialista liderado por Rodríguez Zapatero (marzo de 2004). Tras la inicial retirada de las tropas en Irak, y con el retorno del PP de Rajoy en 2011 las relaciones con EEUU y la OTAN han seguido estrechándose y siendo de total colaboración. 

Tras el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008 y la crisis de las hipotecas basura a nivel mundial, la Unión Europea, el FMI y el Banco Mundial intervinieron las economías de muchos países de la zona euro (Irlanda, Grecia, Italia) y finalmente España, desde entonces sometida a recortes del gasto público y a la llamada política de "austeridad". Contra estas políticas han sido frecuentes las marchas , movilizaciones sindicales, políticas y sociales, destacando el 15M desde 2011.
El auge de los deportes en España ha sido visto como metáfora de la modernización del país, cristalizando en las olimpiadas de Barcelona 92, de éxito rotundo.