La construcción europea, iniciada tras la segunda guerra mundial
(BENELUX, CECA, Tratado de Roma) ha supuesto sin duda el mayor reto político de los últimos tiempos. La Europa
democrática y social que se planteaba en sus comienzos es bien diferente a la
Unión Europea actual. Pese a ello, el
impacto de la integración de España en la CEE primero y luego en la UE y en el
euro ha sido enorme. Las consecuencias
políticas y económicas han sido por lo general beneficiosas para nuestro país,
y contribuyeron a modernizar las infraestructuras, las comunicaciones, la
agricultura o la formación. El esfuerzo que ha tenido que hacer el país
para adaptarse a Europa ha sido muy duro, y ha mostrado también unas grandes
diferencias con nuestros socios europeos (diferencias salariales, precios,
influencia en la UE). Veamos cómo ha sido este proceso de integración:
En 1962, durante la dictadura
franquista, España solicitó, por primera vez su integración en la CEE, pero no
obtuvo respuesta. Dos años después, volvió a intentarlo y como resultado se
iniciaron unas negociaciones que llevaron al “Acuerdo Comercial preferencial”
de 1970.
En 1977, establecido un sistema político democrático, el gobierno de
Adolfo Suárez solicitó la integración plena en la CEE. En 1979 se iniciaron las
negociaciones, a la vez que lo hacía Portugal, para la adhesión.
Fueron unas negociaciones largas y complicadas; por un lado coincidieron con un
momento de crisis económica general y por otro algunos países plantearon
ciertas exigencias, por ejemplo Gran Bretaña pedía la apertura de la
frontera con Gibraltar y Alemania la integración en la OTAN. En 1985 se
permitió el libre tránsito de personas y mercancías con Gibraltar. Respecto a la entrada en la OTAN, el último
gobierno de UCD había aprobado la integración de España en la OTAN, (1982)
aunque el PSOE se opuso (bajo el lema «OTAN, de entrada no» e inició una
activísima campaña en la calle solicitando un referéndum). No obstante, cuando
el PSOE llegó al poder, ante la evidencia de que la entrada en la OTAN estaba
muy relacionada con la adhesión de España a la Comunidad Económica Europea, el
gobierno socialista, tras convocar un referéndum (1986) hizo campaña a favor de
la permanencia en la OTAN (aunque el gobierno obtuvo el sí, fue por un
margen pequeño, y supuso una profunda decepción para muchos de sus votantes).
Además España y Portugal tenían un grado de desarrollo inferior a la media
Europea.
Finalmente el 12 de junio de 1985 el Gobierno español firmó en Madrid el “Tratado
y el Acta de Adhesión a las Comunidades Europeas”, que fue ratificado en el
Congreso y en el Senado y en los parlamentos del resto de los socios
comunitarios para entrar en vigor el 1 de enero de 1986.
La entrada de España en la CEE
fue acogida con satisfacción por la opinión pública, pero planteaba unos retos muy grandes, porque la economía española, que
históricamente se había desarrollado en gran medida gracias a una política
fuertemente proteccionista, con unos elevados aranceles, tenía que adaptarse a
un nuevo marco de relaciones económicas basadas en el librecambismo.
La integración en la CEE se hizo de forma gradual mediante un período
transitorio. Durante ese periodo, paralelamente a la disminución de los aranceles, los diferentes sectores económicos
tuvieron que hacer importantes sacrificios para conseguir una producción
competitiva con la de los otros países comunitarios. Ello supuso la pérdida de
numerosos puestos de trabajo e incluso el desmantelamiento o la disminución
drástica de algunos sectores: pesca, agricultura, construcción naval,
siderurgia... La contraprestación era la apertura para los productos españoles de un mercado de millones de
personas con una elevada capacidad adquisitiva.
Los países miembros de la CEE
decidieron acelerar el proceso de construcción europea. El Acta Única Europea (1986) permitió el establecimiento de un
verdadero mercado interior sin fronteras para los países de la CEE que
posibilitaba la libre circulación de personas, mercancías, servicios y
capitales. Para asegurar la estabilidad en el seno de la CEE se aprobaron los
denominados fondos estructurales, que han comportado el traspaso de rentas de
los países económicamente más poderosos a los estados menos desarrollados de la
CEE, como España.
El proceso de integración en
Europa dio un paso fundamental con la aprobación del “Tratado de la Unión Europea” o tratado de Maastricht (1992), que
fijó la adopción de una política
económica común y el establecimiento de una moneda europea; para acceder a la moneda común los países
miembros de la Unión Europea tuvieron que cumplir una serie de condiciones,
especialmente el control de la inflación y del déficit público, que provocaron
la adopción de unas duras políticas presupuestarias (recortes en el gasto
educativo, disminución de las pensiones, reducción de las obras públicas,
etc.). Fue la política de
convergencia.
A partir de 1996, el gobierno del PP dio prioridad al
cumplimiento de los requisitos para
acceder a la moneda única, además de poner en marcha distintos planes para alcanzar la convergencia real
en renta y empleo. En 1999 se lograron los requisitos para acceder a la moneda
única europea.
El euro entró definitivamente
en la vida de los españoles el 1 de enero de 2002. Al evitarse los cambios
la moneda única produjo menos costes en el comercio europeo pero la tendencia a la equiparación de precios
en todos los países provocó un aumento de la inflación en los menos
competitivos entre ellos España.
Además de la puesta en
circulación de la moneda única, la
integración de España en la UE trajo otras implicaciones económicas basadas en la liberalización económica, el crecimiento económico y la modernización de las infraestructuras:
-La libre circulación de personas, mercancías y capitales por todos los
países de la UE.
-El impulso tecnológico tanto de las empresas españolas al tenerse que
convertir en empresas más competitivas como de las empresas extranjeras que se
instalaron en España. Del mismo modo la liberalización económica, que puso fin al tradicional proteccionismo, obligó en los 80 a una dura reconversión al sector primario e industrial, necesitado de adaptarse a un mercado abierto y competitivo.
-El principio de solidaridad y cohesión entre los países más pobres y
los países ricos de la Unión trajo consigo los fondos europeos, pero si en
principio España fue un país receptor de los mismos actualmente se ha
convertido en contribuidor.
España se halla en la actualidad plenamente integrada en la UE. Aunque durante
las últimas décadas los distintos gobiernos democráticos españoles han
considerado prioritario la política en Europa, la consolidación democrática
trajo consigo nuevas líneas de actuación en el panorama internacional.
La vinculación con sus socios militares (OTAN) y económicos (CEE) la
llevaron a participar en la guerra del Golfo (1990) o en el envío de tropas a
Bosnia,Kosovo o Libano.
En Iberoamérica se apoyaron los procesos de democratización y se
impulsó una política de cooperación y solidaridad, fundamentalmente durante la
etapa de gobierno socialista (1982-1996). Se institucionalizó la Comunidad
Iberoamericana de Naciones que celebrará Cumbres de Jefes de Estado y de
Gobierno anuales. Pero a partir de 1996 y con los gobiernos del PP, España se
convirtió en uno de los mayores inversores en Iberoamérica, principalmente en
telecomunicaciones, energía y banca. Fueron perdiendo importancia las Cumbres.
En el Mediterráneo, se
establecieron relaciones diplomáticas en Israel (1986) y se buscó la
pacificación de la zona lo que culminó con la
histórica Conferencia de Paz sobre el Oriente próximo en 1991. Se
intentó fortalecer las relaciones con Marruecos,
no se reconoció a la República Saharaui pero tampoco se cuestionó la soberanía
de Ceuta y Melilla. Aunque las relaciones con Marruecos, actualmente han
mejorado siguen pasando por distintos altibajos. Tampoco se ha avanzado en el
asunto de Gibraltar. Se cuidan especialmente las relaciones con Argelia, primer proveedor de gas natural.
A
ADurante el gobierno del PP se apostó por una política de seguridad y defensa, a la vez que se fortalecieron las relaciones con los EEUU. A partir de 2001 la orientación pronorteamericana se impone a la política europeísta produciéndose un distanciamiento de Francia y Alemania. España participa en las operaciones militares de Afganistán e Irak (2002 y 2003). El centro de la nueva política pasó a ser la lucha contra el terrorismo internacional.
A
ADurante el gobierno del PP se apostó por una política de seguridad y defensa, a la vez que se fortalecieron las relaciones con los EEUU. A partir de 2001 la orientación pronorteamericana se impone a la política europeísta produciéndose un distanciamiento de Francia y Alemania. España participa en las operaciones militares de Afganistán e Irak (2002 y 2003). El centro de la nueva política pasó a ser la lucha contra el terrorismo internacional.
Los atentados de la estación de
Atocha días antes de las elecciones, de los que se consideró responsable al
gobierno por su participación en la guerra de Irak, provocaron el cambio del
voto de muchos españoles, lo que supuso la formación de un nuevo gobierno
socialista liderado por Rodríguez Zapatero (marzo de 2004). Tras la inicial retirada de las tropas en Irak, y con el retorno del PP de Rajoy en 2011 las relaciones con EEUU y la OTAN han seguido estrechándose y siendo de total colaboración.
Tras el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008 y la crisis de las
hipotecas basura a nivel mundial, la Unión Europea, el FMI y el Banco Mundial
intervinieron las economías de muchos países de la zona euro (Irlanda, Grecia,
Italia) y finalmente España, desde entonces sometida a recortes del gasto
público y a la llamada política de "austeridad". Contra estas
políticas han sido frecuentes las
marchas , movilizaciones sindicales, políticas y sociales, destacando el 15M
desde 2011.
El auge de los deportes en España ha sido visto como metáfora de la modernización del país, cristalizando en las olimpiadas de Barcelona 92, de éxito rotundo.
El auge de los deportes en España ha sido visto como metáfora de la modernización del país, cristalizando en las olimpiadas de Barcelona 92, de éxito rotundo.
mark rutte....¿no se fia ni un pelo del satrapa de la moncloa?
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