Albert Camus: "A pesar de las ilusiones racionalistas, e incluso marxistas, toda la historia del mundo es la historia de la libertad."

domingo, 22 de abril de 2018

Política económica del franquismo: de la autarquía al desarrollismo. Transformaciones sociales: causas y evolución.


El régimen franquista (1939-1975) evolucionó económicamente desde la autarquía de los 40 y 50 hacía la liberalización económica y el desarrollismo de los 60. Durante los primeros años de su existencia el régimen se enfrentó a graves dificultades económicas derivadas de la autarquía.

La autarquía económica fue el sistema adoptado para reconstruir el país, basado en la autosuficiencia económica de los modelos fascistas que rechazaban la economía capitalista de libre mercado. Todo debía ser producido en el interior del país, porque además España quedaría aislada internacionalmente (por el “pecado original” fascista), y sin divisas. Para ello era necesario un rígido intervencionismo estatal: salarios controlados, tipos de cambio fijo, cupos de importación, regulación de la instalación de nuevas industrias, límite a la inversión extranjera, cartillas de racionamiento para los artículos de primera necesidad...

España se alejó del crédito internacional, que era indispensable para el equipamiento industrial, careció de materias primas y energía que no se producían en el país; en estas condiciones el crecimiento económico fue nulo durante los años 40 y la escasez de productos agrícolas e industriales perduró hasta los años 50.  Son "los años del hambre". Paralelamente, proliferó un mercado negro -el “estraperlo”-, donde se podían conseguir productos a precios exorbitantes. Para muchos fue una forma de supervivencia, para otros, el origen de fortunas considerables.
Ya al inicio de la década de 1950 era patente el fracaso de la política autárquica. Aunque se recibían las ayudas estadounidenses desde 1951, los presupuestos seguían siendo deficitarios y la balanza comercial, también. A partir de 1955 se produjeron huelgas y protestas. Ante esta situación Franco aceptó entregar la dirección económica a los tecnócratas, destacando Navarro Rubio en Hacienda y Ullastres en Comercio. Eran ministros vinculados al Opus Dei católico, pero que buscaban la modernización económica, primando más la eficiencia que la ideología. Estos aplicaron el “Plan de Estabilización” de 1959, diseñado según las indicaciones del FMI y del Banco Mundial, que aceptaron financiarlo con créditos. Se trataba de liberalizar la economía permitiendo la importación de capitales y frenar la inflación, estabilizando los precios y salarios. Se devaluó la peseta y se impulsó una tímida reforma fiscal.  El Estado abandonaba el control sobre las actividades económicas y se abría a los mercados exteriores, facilitando la instalación de empresas extranjeras. 

Durante los primeros meses los resultados fueron bastante negativos: los sueldos bajaron, la productividad de las empresas cayó, el coste de la vida aumento y el número de parados se incrementó. Pero a partir de 1961 se empezaron a notar los efectos positivos del plan de estabilización, año en que se inició una etapa de expansión económica. Esta expansión se basó en el aumento del sector industrial y en la aparición de nuevos recursos económicos: el turismo, las inversiones de capital extranjero y la exportación de mano de obra.

La expansión industrial se basó en los bajos salarios y en las inversiones extranjeras; la tecnología, los bienes de equipo y la energía (sobre todo el petróleo) eran importados masivamente por lo que la economía española pasó a depender por completo del exterior.

El crecimiento de la industria produjo una intensa emigración de mano de obra campesina hacía las grandes ciudades. Varios millones de españoles buscaron trabajo en Europa (Francia, Alemania, Suiza..). El resultado fue la disminución de mano de obra en el campo, lo que produjo a su vez un alza de salarios en el campo e impulsó la mecanización de las tareas agrícolas y a la demanda de bienes industriales por parte del sector agrario. Así la modernización en el campo y el despoblamiento de las zonas rurales fueron fenómenos paralelos.

La balanza de pagos dejó de ser deficitaria, en gran parte por la entrada masiva de turistas. A las divisas de los turistas se sumaron las aportaciones de los emigrantes que enviaban buena parte de sus ganancias para el mantenimiento de sus familiares, además la salida de los trabajadores españoles contribuyeron a reducir el índice de paro.

También se pusieron en marcha “los planes de desarrollo” impulsados por el gobierno, fueron tres de duración cuatrienal, entre 1963 y 1975. El estado estimulaba al capital privado a invertir en determinados sectores mediante subvenciones, créditos baratos y facilidades fiscales. El Estado invirtió también en los llamados “polos de desarrollo” en nuevas ciudades industriales: Valladolid, Huelva, Vigo, etc. Se trataba de promocionar la instalación de nuevas industrias y generar así empleo en zonas deprimidas. Pero no se cumplieron los objetivos previstos.

En conjunto el crecimiento económico entre 1961 y 1973 fue elevado y constante, pero hay que señalar que el crecimiento fue posible gracias a la expansión de la economía mundial. Por ese motivo, la crisis de 1973, derivada del alza de los precios del petróleo, detuvo bruscamente el crecimiento español.

Los cambios económicos  influyeron en la sociedad española que empezó a experimentar cambios significativos. La sociedad española de los años 40 y 50 estuvo marcada por el atraso y la pobreza, acompañadas por la ruralización del país y de un retroceso técnico, científico y cultural.

Pero el crecimiento económico de los años 60 que provocó la emigración masiva de la población rural y la concentración de la población en las grandes ciudades  también fueron variando el modo de vida y la mentalidad de los españoles. También contribuyó a esto la apertura al exterior, sobre todo gracias al contacto con los turistas que llegaban masivamente al país. Además se dio un espectacular incremento de la población, el llamado “baby  boom”, impulsado en parte por la política pronatalista del régimen. 

Una importante novedad fue el paulatino acceso de la mujer al trabajo. La dictadura franquista había supuesto para la mujer la pérdida de todos los derechos y avances conseguidos durante la Segunda República. En el régimen franquista la función principal de la mujer era la maternidad y el cuidado de los hijos y la casa, pero el cambio de mentalidad de las clases medias durante los años 60 permitió el acceso de la mujer al trabajo y a las universidades.


La llamada clase media aumentó en esta década numéricamente y era la que tenía una mentalidad más abierta y dinámica. Además pudo acceder a los bienes de consumo, siendo la época del auge de la venta a plazos.
Aunque no todos los españoles accedieron a la sociedad de consumo, el crecimiento económico se plasmó en la aparición de electrodomésticos, el automóvil y las vacaciones, que empezaron a estar al alcance de más personas. En 1958 la televisión estatal comenzó sus emisiones. En 1969 dos terceras partes de los hogares contaban con un receptor. La televisión afectó el modo de vida y el comportamiento social, pese a que la censura excluía todo aquello que pudiera atentar contra la base del régimen. El incontrolado crecimiento urbano hizo que se construyeran en los suburbios barrios enteros sin infraestructuras, ni equipamientos sociales, que acogían a los inmigrantes del campo que buscaban una oportunidad laboral en las ciudades. 

En definitiva la estructura social española durante los años 60 presenta un predominio de la clase obrera que tiende a especializarse y acceder a la propiedad; una clase media en ascenso y una clase dominante más reducida en número pero que acoge la llegada de una élite ligada a la banca y a la entrada de altos funcionarios y ejecutivos.
A finales de la década de los 60, mientras la clase dirigente, ultracatólica y conservadora seguía defendiendo los valores del franquismo, el resto del país y sobre todo las generaciones más jóvenes, evolucionaba a posiciones muy distintas. Síntomas de ello eran la progresiva relajación de la asistencia a actos religiosos, la introducción de nuevos hábitos de relación social y sexual, o la aceptación de las modas hábitos y movimientos culturales que llegaban de fuera.
 

Sin embargo estos cambios económicos y sociales no supusieron una apertura política, y contrastaban con el inmovilismo y la represión política. 




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