Albert Camus: "A pesar de las ilusiones racionalistas, e incluso marxistas, toda la historia del mundo es la historia de la libertad."

jueves, 1 de marzo de 2018

EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA Y MOVIMIENTOS MIGRATORIOS EN EL SIGLO XIX. EL DESARROLLO URBANO

 
En paralelo a las transformaciones políticas, sociales y económicas del XIX, la evolución demográfica española fue notable, aunque desigual, y sobre todo, con retraso y menor a la de otros países europeos. España pasó de tener 11 millones a 18 al final del siglo XIX, un crecimiento constante, pero frenado por las guerras, las epidemias y enfermedades, la altísima mortalidad infantil y la emigración a América principalmente.
 
Se mantuvo el régimen demográfico antiguo, caracterizado por altas tasas de natalidad y mortalidad, con crecimiento vegetativo débil. La esperanza de vida se situaba en torno a los 35 años. Por estos motivos, la transición demográfica no se completó, a excepción de Cataluña, y a diferencia de Europa, no permitió llevar a cabo una plena industrialización.


 
Las mejoras en la alimentación (nuevos cultivos como la patata o el maíz) y avances médicos (vacunas, higiene),junto a la natalidad más alta de Europa permitieron durante varias etapas del siglo aumentar la población, pero la aparición  y propagación de nuevos brotes epidémicos (cólera, gripe, tifus,paludismo, tuberculosis)  junto con la persistencia de hambrunas y las malas condiciones de vida frenaron el crecimiento y mantuvieron la mortalidad elevadísima.
 

El sector primario era predominante (3/4 partes de la población) como corresponde a un país agrario, aunque fue creciente el empleo industrial, en la construcción y los servicios, iniciándose un lento pero constante éxodo rural , la emigración campo-ciudad por motivos laborales, especialmente importante durante la Restauración.
 
El aumento de población, junto con la falta de recursos y las legislación favorable potenció también la emigración internacional de gallegos, asturianos, vascos y canarios, generalmente de áreas rurales deprimidas. Tuvieron como destinos principales Argentina, Cuba,México,Venezuela y otros países de Iberoamérica, mientras que Argelia en el mediterráneo acogió inmigrantes andaluces y murcianos.
 
El desarrollo urbano español fue importante, llegando a duplicarse el nivel de urbanización. Las transformaciones generadas por el liberalismo favorecieron, al igual que la industrialización y las desamortizaciones, el trasvase de población del campo a la ciudad.
 La división provincial de Javier de Burgos en 1833, favoreció a las ciudades elegidas como capitales, receptoras de servicios y población, en detrimento de otras. El aumento de la población urbana por tanto, se produjo en las capitales de provincias, en Madrid, capital de un estado centralizado, y en las áreas industriales litorales de Cataluña y País Vasco. A principios de siglo, Madrid, Barcelona, Valencia o Cádiz  superaban los 100.000 habitantes, pero solamente unas decenas de ciudades tenían más de 10.000. A finales del XIX más de 200 ciudades superaban esa cifra.

El aumento de población urbana propició, junto a la industrialización, el desarrollo del urbanismo y la necesaria ampliación urbana. Las antiguas cercas y murallas medievales fueron derribadas y se reorganizaron las ciudades, en una marcada distinción social por clases tan propia del siglo.
 
La burguesía construyó nuevos barrios para asentarse siguiendo patrones del urbanismo planificado. Son los conocidos Ensanches burgueses, de trazado ortogonal, siendo los mejores ejemplos el de Barcelona con Ildefonso Cerdá en 1860, el de Madrid, por Castro, en 1861,financiado por el marqués de Salamanca o los de Zaragoza, Bilbao, San Sebastián o Valencia. También destacarían los proyectos de ciudades jardín, colonias obreras como la de Güell en Barcelona, o ciudades lineales como el de Arturo Soria en Madrid.  
 El desarrollo de la construcción impulsó el negocio inmobiliario, la especulación y la demanda de mano de obra, proveniente del mundo rural. Precisamente esta población, junto con los trabajadores industriales, se hacinaban en suburbios periféricos, barrios obreros o arrabales, carentes de servicios o infraestructuras y construidas sin planificación alguna. La mayoría de los emigrantes castellanos, extremeños o de otras localidades rurales de España vivían en estos barrios insanos.
 Las ciudades fueron paulatinamente incorporando los avances técnicos, sanitarios y en materia de transportes propios del llamado siglo del progreso, iniciándose las recogidas de basuras, la iluminación, el alcantarillado, así como nuevos tipos de transporte como el tranvía o el ferrocarril, en ciudades con avenidas y plazas surgidas del derribo de conventos y otros edificios tras las desamortizaciones. Los centros urbanos se embellecieron con edificios públicos, museos, monumentos conmemorativos y se dieron nombre, casi siempre de políticos de la época,a las calles principales, ensalzándose la historia nacional, el dogma católico y las conquistas liberales burguesas.  Destacaría en este sentido de un modo especial la Barcelona modernista de finales de siglo, inmortalizada como por Antonio Gaudí (Sagrada familia, parque Güell, Casa Batlló).
 

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