Albert Camus: "A pesar de las ilusiones racionalistas, e incluso marxistas, toda la historia del mundo es la historia de la libertad."

lunes, 13 de noviembre de 2017

La guerra de los Treinta Años y la pérdida de la hegemonía española en Europa.

Batalla de Nördlilngen,1634
La Guerra de los treinta años (1618-48) fue un gran conflicto internacional que afectó principalmente al imperio alemán y a los Habsburgo en su origen, pero que con el paso de los años implicó a todas las grandes potencias europeas, especialmente a Francia y a la España de Olivares y el rey Felipe IV (1621-1665), en pugna por la hegemonía en el continente.
La defenestración de Praga

Los motivos religiosos (el conflicto generado tras la reforma protestante pervivía en una Alemania dividida) fueron fundamentales en su inicio en Bohemia (defenestración de Praga) sumados a los deseos de mayor autonomía de los distintos territorios que formaban el Sacro Imperio Romano Germánico. Fue una guerra en la que se generalizaron los mercenarios y en la que la extrema violencia produjo devastaciones en los campos, hambrunas y epidemias, sumiendo a Alemania en una época oscura y difícil durante mucho tiempo.
Felipe IV acudió en ayuda de los Habsburgo austriacos  por razones familiares, de prestigio y estratégicas (seguridad para el camino español que llevaba soldados de Italia a  Flandes), siendo su participación inestimable en grandes victorias imperiales como Montaña Blanca o Nördlingen.
La guerra contó con la intervención danesa y sueca en apoyo protestante, y finalmente, en 1635 la católica Francia, que vio la oportunidad de sacudirse el dominio Habsburgo que rodeaba su territorio. En este contexto se inscribe la derrota de los tercios españoles en Rocroi (1643), considerado un punto de inflexión en la supremacía hispana en Europa.

Rocroi, 1643, el último tercio, obra de Ferrer Dalmau.
La internacionalización del conflicto perjudicó a una España arruinada económicamente, exhausta por las continuas guerras europeas e internas (recordemos la interminable guerra de Flandes y las rebeliones de Cataluña y Portugal en el contexto de la crisis de 1640)
La paz de Westfalia 1648 supuso la confirmación de la pérdida de la hegemonía española en Europa. En Alemania se restauró la libertad religiosa y se limitó el poder imperial, dejando un país dividido y destrozado por la crueldad de la guerra. España perdía definitivamente las provincias unidas (Holanda) tras 80 años de guerra.
La guerra franco-española continuará durante una década, con algunas de las últimas victorias españolas como Valenciennes. Tras la derrota de Las Dunas y la invasión francesa de Cataluña, Felipe IV se vio obligado a firmar la Paz de los Pirineos en 1659, que fijaría la frontera pirenaica entre ambos países, cediendo España el Artois, Rosellón y la Cerdaña. La Francia de Luis XIV se convertiría en la nueva potencia hegemónica. Además se pactó la boda de la infanta María Teresa con el rey francés, lo que propiciará la llegada de los Borbones a España en 1700.

La Paz de los Pirineos, Felipe IV y Luis XIV


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